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¿Qué pasa si no me gusta el sexo?

Extraído de 25 Preguntas Que Tienes Miedo de Hacer Sobre el Amore, el Sexo, y la Intimidad de Dr. Juli Slattery. © 2015 en Unilit Publishers. Usado con permiso.

«Detesto el sexo. Me enoja escuchar que incluso sugieres que se supone que se disfrute. He estado casada por veintitrés años y nunca lo he disfrutado. A decir verdad, lo hago porque debo hacerlo». Escucho a mujeres como esta bastante a menudo. Se sienten estafadas, como que les han robado algo que sería gratificante. El mensaje que el sexo es un regalo de Dios es como un insulto. En su lugar, sienten que el sexo es un obsequio que con mucho resentimiento deben darles a sus esposos.

En cierta medida, eso describe mis sentimientos por muchos años de mi matrimonio. No, nunca detesté el sexo, pero de se- guro que le temía. Como mujer que anhelaba ser piadosa, decidí ante el Señor que supliría las necesidades de mi esposo. Aunque es probable que a Dios le agradara esa actitud, no representaba la sanidad que Él deseaba hacer en mi corazón y en mi matrimonio.

Quiero mostrarte algunas cosas que Dios me enseñó (¡y aún me enseña!) en esta travesía. Sé que la historia de cada mujer es diferente; no ofrezco una fórmula simple que garantice un mi- lagro en tu dormitorio. Sin embargo, creo que Dios es capaz de traer sanidad al corazón de cada mujer. 

Afronta los obstáculos

Algunos quieren tenerlo cada tres horas, y otros una vez a la semana, pero casi todos los hombres sienten que el sexo es algo placentero, como ya lo analizamos. Esto no es cierto para algunas mujeres. La sexualidad femenina es mucho más compleja, contemplando la oportunidad de más barreras al placer. Lo típico es que los obstáculos al placer sexual caigan en tres categorías: físico, relacional y emocional. 

Físico

La respuesta sexual femenina incluye muchas funciones del cuerpo, incluyendo los sistemas endocrino, circulatorio, óseo, muscular y reproductivo. Eso significa que mucho puede salir mal. Por ejemplo, una tiroides poco activa puede destruir el deseo y la respuesta sexuales. Un desequilibrio hormonal hará lo mismo. Los medicamentos como los antidepresivos y hasta los descongestionantes quizá afecten la función sexual.

El libro de Jennifer Smith The Unveiled Wife narra su viaje a través de los años de dolor sexual en el matrimonio. Un día, ella y su esposo investigaron una corazonada y descubrieron que un jabón para el acné que ella utilizaba tenía un ingrediente que afecta el equilibrio hormonal del cuerpo. Una semana después de dejar de utilizarlo, su función sexual mejoró de inmediato1.

Los obstáculos físicos al placer sexual pueden ser difíciles de diagnosticar, en parte debido al dolor físico y a la falta de placer que pueden tener también raíces psicológicas. No te rindas si un médico no puede responder tus preguntas. Busca la respuesta. Encuentra un médico, partera, asistente médico o enfermera que comprenda las funciones y los trastornos sexuales.

Aunque la mayoría de las mujeres se resigna a una vida sexual «rota», otras buscan incansablemente una solución. Mi amiga Kathy Cordell no pudo tener relaciones sexuales con su esposo por más de una década. Su médico le aconsejó que se «tomara un vaso de vino y solo se relajara». En lugar de resolver el problema, esto condujo a una adicción. El consejero de Kathy le recomendó investigar un trastorno llamado vaginismo que causa dolor durante las relaciones sexuales. Kathy descubrió que algunas mujeres tienen una reacción aprendida de miedo a las relaciones sexuales que hace que sus músculos vaginales se contraigan. En el proceso de su propia sanación, Kathy ayuda a otras mujeres que sufren este trastorno en el aspecto emocional, espiritual y físico de su sanidad2.

Al igual que Kathy, no te resignes a que el sexo sea una experiencia dolorosa o sin placer. Sé tenaz en tus oraciones y en la búsqueda de una solución.

Relacional

Puedes tener un hermoso matrimonio y una mala vida sexual. Sin embargo, la calidad de tu matrimonio es el cimiento sobre el cual construyes la intimidad sexual. ¿Confías en tu esposo cuando están en la cama? ¿Es sensible a tus necesidades? ¿Se comunican el uno al otro respecto al sexo? ¿Guardas secretos, rencores o falta de perdón?

Sara es una de esas mujeres que detestaban el sexo. Por más de once años de matrimonio, su esposo Jake exigía tener relaciones sexuales varias veces a la semana. Jamás le preguntó si a ella le gustaría tener sexo, solo daba por sentado que era su derecho dado por Dios como hombre casado. El sexo hacía que Sara se sintiera como un objeto. Se preguntaba si a Jack le importaba si era el cuerpo de ella el que acariciaba.

Joyce y Ben tenían una barrera diferente. A través de sus diecinueve años de matrimonio, Ben había tenido un interés superficial por la pornografía. Aunque Ben confesó haberle sido infiel una vez en un viaje de negocios, el problema se olvidó en seguida, como si jamás hubiera sucedido. Joyce sentía que una parte de su corazón había muerto. Consentía compartir su cuerpo con Ben, pero cerraba su corazón a la intimidad. 

La sexualidad se conecta con nuestras partes más íntimas. En la rutina diaria del matrimonio, a menudo no nos detenemos a considerar cómo nos han herido en el matrimonio ni por qué no confiamos en el hombre que duerme a nuestro lado todas las noches. Sin embargo, hasta que estos problemas no se afronten ni se aborden, es poco probable que el placer físico y la libertad sean una realidad.

Emocional

Creo que las barreras más comunes para disfrutar el sexo son emocionales. Algunas mujeres tienen una historia de traumas o decisiones destructivas que asociaron al sexo con emociones negativas y dolorosas en extremo.

Sexo = vergüenza
Sexo = culpa
Sexo = pecado
Sexo = explotación
Sexo = Solo soy buena para una cosa

Ponerse un anillo y decir unos votos en una iglesia no borran esos mensajes. El trauma emocional relacionado con el sexo suele ser tan profundo que quizá ni siquiera seas consciente de su existencia. Muchas mujeres no recuerdan detalles del abuso que sufrieron en la infancia hasta que llegan a la adultez. Quizá lo único que sientan sea una vaga sensación de que «algo no está bien».

Otras mujeres no tienen historia de trauma sexual ni culpa por sus errores pasados, pero tampoco pueden disfrutar del sexo. Conozco mujeres que esperaron al matrimonio, soñando con el éxtasis que se suponía que prometía el sexo. En cambio, por más que lo intentaban, no podían disfrutar del sexo. La idea de algo nuevo solo les provocaba pánico y oleadas de repugnancia.

Como el sexo es algo tan íntimo, a menudo las mujeres no saben dónde buscar ayuda. Solo se conforman con la frustración en este aspecto de la vida. Vivimos en una época en la cual la ayuda está siempre disponible, incluso en lo que respecta a los problemas sexuales. No obstante, la búsqueda de un consejero o incluso la compra de un libro sobre el tema causa temor.

Si has sufrido traumas sexuales en tu pasado o has vivido momentos que te causan vergüenza, quizá te resulte insoportable hablar de tu dolor. Las heridas emocionales pueden ser más dolorosas que las físicas, pero no puedes verlas. Hace falta tremendo valor para buscar ayuda sabiendo que hablarás con alguien sobre aspectos de tu vida marcados por la pena y la vergüenza. Quizá parezca más fácil ignorar el dolor y seguir adelante con tu matrimonio, pero Dios es Jehová Rafa, el que te invita a la sanidad.

La exposición de las mentiras

La sanidad de las barreras físicas, relacionales y emocionales del sexo requieren trabajo y esfuerzo. Comienza con el compromiso de identificarlas y afrontarlas. Si estás cansada de las desilusiones en el dormitorio, tu camino hacia la sanidad quizá signifique superar algunas de las mentiras comunes acerca del sexo. Estas mentiras impiden que las mujeres busquen la sanidad. Solo dan por sentado lo siguiente: «Esto es demasiado bueno como para lograrlo. Supongo que no soy una de esas mujeres que nunca disfrutarán del sexo».

Primera mentira: Dios creó el sexo sobre todo para el placer del hombre. Debido a que las mujeres creen estas mentiras, forjan su intimidad sexual en torno a las necesidades del hombre, teniendo sexo cuando él lo quiere y cómo lo prefiere. Después de años o décadas de matrimonio, ¡quizá nunca hayas considerado que tus necesidades importan también! Vale la pena explorar cómo el sexo puede ser satisfactorio para ti, y que merece buscar consejería a fin de tratar el dolor del pasado. ¡No te conformes! 

Segunda mentira: No es apropiado para una mujer piadosa ser sexual. Nadie dice esta mentira en voz alta, pero muchas mujeres la viven. Relacionan la excitación sexual de forma automática con la inmoralidad sexual. Otras mujeres se «castigan» por errores sexuales de su pasado al no disfrutar del sexo en su matrimonio. Creen la mentira que ser sexual es pecaminoso.

Otro motivo por el cual las mujeres tienen dificultades en disfrutar del placer sexual es porque creen que necesitan esperar a que llegue. No se dan cuenta de que disfrutar del sexo o tener un orgasmo requiere de su participación activa. Nunca va a ocurrir si piensas en el moho que crece en la cortina de la ducha o en tu hijo de tres años en la habitación contigua.

La mayoría de las mujeres informan que no quieren tener sexo en realidad hasta que piensan en el sexo y lo anticipan. Cuando las mujeres ven ante todo el sexo como un deber conyugal, ni siquiera consideran que su propia excitación sea tan importante como la de sus esposos. Cada mujer tiene su propio «camino del placer» tanto físico como mental, que puede requerir de tiempo para descubrirlo y buscarlo.

Como mencioné antes, Linda Dillow y yo escribimos un estudio bíblico llamado En busca de la pasión (Moody Publishers), a fin de ayudar a las mujeres a comprender el diseño de Dios para el amor apasionado dentro del matrimonio. Hemos visto a muchas mujeres liberarse y disfrutar del sexo luego de décadas de una vida sexual insatisfactoria.

Aunque parezca obvio, nada cambiará si tú no cambias nada. Del mismo modo que tu cocina no se limpia sola por arte de magia, tus dificultades sexuales no desaparecerán de un día para otro.

Nadie puede prometerte que tu deseo sexual irá de cero a sesenta en noventa días. Vivimos en un mundo caído que está lleno de desilusión y quebranto. Sin embargo, ¿estarías dispuesta a dar un pequeño paso? Ese podría ser llamar a un consejero, examinar el estudio bíblico En busca de la pasión, o tal vez orar junto con tu esposo por tu vida sexual. Se necesita esfuerzo, oración y valor

para comenzar la sanidad, ¡pero vale la pena!

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