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¿Qué pasa si quiero más sexo que mi esposo?

Extraído de 25 Preguntas Que Tienes Miedo de Hacer Sobre el Amore, el Sexo, y la Intimidad de Dr. Juli Slattery. © 2015 en Unilit Publishers. Usado con permiso.

Esto me lo preguntan mucho. A menudo, una mujer se me acerca con timidez en un evento y dice: «Soy una de esas mujeres de las que habló que tiene más deseo sexual que su esposo. ¿Qué debo hacer?».

Puesto que las mujeres en esta situación desafían el estereotipo, a veces sienten vergüenza e inadecuación. No debo ser muy bonita ni sexy. ¿Hay algo malo en mí?

Muchas mujeres se han visto expuestas durante tantos años al estereotipo de los «hombres siempre quieren sexo» que dan por sentado que sus esposos lo iniciarán y les apetecerá constantemente. Cuando no es así, se sientan en silencio y hacen una lista de todas las cosas que deben estar mal en ellas. ¡BASTA DE ESO!

Casi todas las parejas tienen dificultades que superar en su relación sexual. Cada esposo y esposa tienen su propio conjunto único de fortalezas, debilidades e incompatibilidades. Si esto es algo con lo que luchas, no lo hagas más grande suponiendo que debe haber algo mal en ti.

A pesar de lo que quizá aprendieras en los círculos cristianos, no hay nada en la Biblia que diga que un esposo debe tener o tiene mayor deseo sexual que su esposa. Es más, la Biblia da por sentado que tanto el esposo como la esposa tienen necesidades sexuales. En 1 Corintios 7 se registra la enseñanza de Pablo que muchos utilizan para promover el «deber de la esposa». He aquí el pasaje: 

El hombre debe cumplir su deber conyugal con su esposa, e igualmente la mujer con su esposo. La mujer ya no tiene derecho sobre su propio cuerpo, sino su esposo. Tampoco el hombre tiene derecho sobre su propio cuerpo, sino su esposa. No se nieguen el uno al otro, a no ser de común acuerdo, y solo por un tiempo, para dedicarse a la oración. (1 Corintios 7:3-5)

¿Te fijaste que se menciona antes el «deber del esposo» que el «deber de la esposa»? Interesante, ¿verdad? Es probable que hasta en la época de Pablo hubiera mujeres frustradas por la falta de relaciones sexuales en su matrimonio.

Comienza con una conversación

¿Han hablado tú y tu esposo sobre este asunto? Debido a que son temas sensibles, muchas parejas solo se enfocan en sus diferencias sexuales cuando están peleando. En lugar de conversar, establecen patrones que conducen al rechazo y a la frustración. Inicias o insinúas la intimidad y te rechaza. Te enojas, lo atacas verbalmente o lo evitas. Este tipo de patrón llega a arraigarse hasta que la simple mención del sexo se convierte en un barril de pólvora. Tanto el esposo como la esposa se sienten incomprendidos y marginados. Nunca resolverás el problema hasta que aprendas a hablar al respecto con el objetivo de entenderse y estar en el mismo equipo.

Una de las primeas cosas a realizar es la de comenzar una conversación con tu esposo y no suponer lo peor. Una esposa lo explicó así:

Podría contar la cantidad de noches seguidas que pasaban sin que tuviéramos relaciones sexuales, y me sentía cada vez peor acerca de mí misma y nuestro matrimonio. Cuando las amigas decían cosas como «¡No puedo quitarme a mi esposo de encima!» o «¡No puedo ni cambiarme delante de él porque siempre quiere tener relaciones!», mi mente se llenaba de culpa y de inseguridades. Después de meses de frustración, me senté con mi esposo y le expliqué que sentía que no estábamos teniendo suficiente sexo. Me respondió con «Jamás me hubiera imaginado eso. ¿Por qué nunca me dices que lo quieres o lo inicias?». Me di cuenta de que tenía la expectativa de que los hombres siempre lo buscarán, y yo no le había dicho mi deseo ni mis impulsos a mi esposo. Mi deseo sexual es aún más alto que el suyo, pero en vez de llenarme de culpa, aprendí a conversar con mi esposo y a mostrarle mis necesidades. ¡Iniciar la relación no es exclusivo del hombre! Esto no solo ha ayudado en mi lucha interna, sino también en mi matrimonio.

Los problemas o conflictos se vuelven mucho más manejables cuando se puede conversar a través de ellos sin culpar ni lastimarse entre sí. Dedica tiempo pidiéndole a Dios que te muestre el momento adecuado, y que te dé un corazón sensible y las palabras apropiadas para expresarte.

¿Qué pasa si mi esposo nunca quiere tener sexo?

Necesitamos distinguir entre una esposa con un mayor deseo sexual y un matrimonio donde el esposo nunca quiere tener relaciones sexuales. Una situación representa una diferencia normal en el deseo, mientras que la otra probablemente indique un problema subyacente más profundo.

Si tú tiendes a ser la que inicie la relación, pero tu esposo está dispuesto y responde, no me preocuparía por eso. Aunque es típico que los hombres piensen en el sexo más a menudo que sus esposas, este no siempre es el caso. Hay algunos hombres que se sienten más cómodos expresando su amor con palabras o disfrutando actividades con sus esposas. Otros hombres evitan iniciar el contacto sexual porque le temen al rechazo, pero están dispuestos a conectarse cuando lo inicia su esposa.

Aunque los hombres y las mujeres tienen varios apetitos sexuales, no es normal que un hombre nunca quiera tener relaciones sexuales con su esposa. Si tu esposo no está interesado en el sexo, es importante que ambos entiendan y aborden lo que su deseo y disfrute del sexo. A veces, el problema se interpone en físico, como la enfermedad de la tiroides, bajos niveles de testosterona, medicamentos que interfieren con el deseo sexual o el rendimiento, la obesidad o el agotamiento. El estrés, la tristeza y la depresión también pueden reducir el deseo sexual.

Me gustaría animarte a que te preguntes: ¿Piensas que tu esposo se siente dominado o abrumado por ti? En matrimonios donde el esposo no es sexualmente enérgico, suele ser pasivo en otros aspectos de la relación. Cuando una esposa es mandona o criticona, puede afectar la seguridad propia del esposo y llevarlo a ser pasivo en lo sexual. Si esto describe tu matrimonio, me gustaría animarte a que leas un libro que escribí, llamado Finding the Hero in Your Husband (Health Communications, Inc.). Te mostrará cómo emplear tu poder como esposa a fin de fortalecer a tu esposo en todos los aspectos, incluyendo el sexual.

Tu esposo también podría estar lidiando con un trauma emocional como el abuso sexual en la niñez. Por muy difícil que sea para una mujer hablar del abuso sexual, para los hombres es infinitamente más incómodo. Corazón herido (Editorial Caribe) del Dr. Dan Allender y When a Man You Love Was Abused (Kregel Publications) de Cecil Murphey son recursos maravillosos, además de la consejería, para ayudarte a ti y a tu esposo a tratar problemas dolorosos del pasado. Lo lamentable es que algunos hombres tienen otros medios sexuales que les impiden tener sexo con su esposa. Una aventura extramatrimonial, la masturbación habitual, un fetiche sexual que le avergüenza mucho admitir o el uso de pornografía podrían interponerse entre ustedes dos.

A muchos hombres les dieron a conocer la pornografía en su niñez y se involucraron con ella a lo largo de su vida adolescente y joven adulta. Las imágenes del pasado se grabaron en el cerebro del hombre e influyen en su respuesta sexual en su matrimonio, incluso años más tarde. Su cerebro está entrenado solo para responder a cada vez más estímulos sexuales gráficos, por lo que es incapaz de disfrutar del sexo normal con su esposa.

Como puedes imaginar, es muy difícil para un esposo admitirle a su esposa que está enganchado con la pornografía o alguna otra forma de inmoralidad. En su lugar, pone excusas y a menudo continúa en secreto con la pornografía, la masturbación u otras vías de escape que le permitirá soportar la demanda.

Las alentadoras noticias es que podemos renovar nuestros cerebros para aprender una respuesta sexual saludable. A medida que la pornografía afecta cada vez más a los matrimonios, Dios prepara hombres y mujeres para que ministren en este aspecto de redención para la sexualidad masculina y femenina.

¿Qué me dices de mis necesidades?

Lo cierto es que mientras el matrimonio está hecho para satisfacer nuestras necesidades y deseos sexuales, millones de hombres y mujeres casados están sexualmente insatisfechos. Muchos de los que abandonan el matrimonio lo hacen debido a su desilusión y frustración sexuales. 

Quizá tengas un esposo que no esté dispuesto o sea incapaz de satisfacerte sexualmente. Aunque el sexo es un aspecto importante del matrimonio, recuerda que no es la parte más importante. Al fin y al cabo, los matrimonios no mueren debido a que las personas dejen de tener relaciones sexuales, mueren cuando las personas dejan de cumplir sus promesas.

A Dios le preocupa mucho el pacto que hicieron tú y tu esposo el uno con el otro. Él también comprende las limitaciones y los anhelos de nuestros cuerpos. Como el sexo parece ser una parte terrenal de la vida, a menudo no le llevamos nuestras preocupaciones y frustraciones sexuales a Dios. Amiga, quisiera alentarte a que le abras tu corazón al Señor. Pídele que bendiga tu vida sexual, pero también pídele que utilice las dificultades y frustraciones para ayudarte a ser más semejante a Él.

Les recomiendo a las parejas que hagan todo lo posible por suplir las necesidades sexuales mutuas. Si las relaciones sexuales no son posibles, busquen otra manera de disfrutar juntos la intimidad sexual. Los adolescentes parecen ser capaces de encontrar el modo de tener intimidad sexual sin tener sexo, ¿por qué nosotros no podemos hacer lo mismo?

No permitas que este problema quede oculto. Incluso, la Biblia dice que el sexo es una parte importante del matrimonio que no se debe descuidar. Si tus necesidades son muy diferentes a las nece- sidades de tu esposo, trabajen juntos para encontrar el equilibrio adecuado o el compromiso para la mutua satisfacción sexual.

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