Muchas veces los padres cristianos de hoy se sienten divididos entre los mensajes culturales de la positividad sexual y las enseñanzas tradicionales de la iglesia sobre guardar sexo para el matrimonio, ya que ambos parecen estar llenos de desafíos y peligros potenciales. Mientras que los mensajes culturales están en desacuerdo con el diseño revelado por Dios para la expresión sexual, los mensajes religiosos tradicionales muchas veces equiparan la sexualidad humana con vergüenza y confusión no expresadas. 

Creo que el diseño de Dios para la humanidad es bueno en todas las áreas de la vida, incluyendo la sexualidad. Sin embargo, cuando comunicamos un código de comportamiento sexual a nuestros hijos sin el trabajo más profundo del discipulado, solo presentamos una parte de cómo es tener una relación próspera con el Dios vivo. Una teología incompleta es una teología inexacta.

En lugar de simplemente repetir frases sobre la pureza sexual (“guarda sexo para el matrimonio”), necesitamos discipular a nuestros hijos hacia el llamado más amplio de la integridad sexual que existe para los seguidores de Cristo. El mensaje de la pureza sexual es un destino: “Manténte virgen hasta el día de tu boda”. El llamado a la integridad sexual es un viaje mucho más completo: aprender a administrar tu sexualidad a la luz del amor de Dios y el señorío de Jesucristo. Esto incluye no solo aprender a honrar a Dios con nuestro comportamiento sexual, sino también responder, basado en Su amor a nuestras luchas, fracasos, heridas, y la forma en que interactuamos con los demás.

 

¿Qué es la integridad sexual?

Piensa en esa palabra “integridad” por un momento. Proviene de la raíz latina “integer”, lo cual significa algo que es completo o indivisible. Cuando unimos la integridad con la sexualidad, significa que estamos enseñando a nuestros hijos a ver su sexualidad como un elemento de su humanidad y espiritualidad que está integrado en lugar de estar separado. 

Esto es necesario enseñarles porque muchos de nosotros hemos aprendido a separar a Dios de sexo. El sexo se ha convertido en una categoría de la vida que se siente muy personal o demasiado vergonzosa para compartir con Dios. Por ejemplo, no queremos pensar en el hecho de que Dios está siempre con nosotros, incluso cuando vemos la pornografía o tenemos relaciones sexuales. Dividimos en compartimentos nuestra espiritualidad y sexualidad. En cambio, la integridad sexual significa enseñar a un niño desde las edades más tempranas a ver su género y sexualidad como completamente integrados con su fe en Dios.

El objetivo es ser completo o indivisible. Podrías hablar con tus hijos acerca de completar un rompecabezas. El rompecabezas crea una imagen única, pero una donde todas las piezas encajan juntas. A veces, nuestra sexualidad se siente como una pieza que no encaja. Dios creó todo el rompecabezas. Cuando entregamos nuestras vidas a Él, le damos cada pieza, incluso nuestra sexualidad.

 

La integridad afecta cómo pensamos, no sólo cómo nos comportamos.

Crecí en un hogar cristiano lleno de amor, aprendiendo sobre sexo al igual que muchos niños cristianos. En retiros juveniles y servicios de capillas, aprendí que sexo era algo sagrado que se guardaba para el matrimonio. Si bien este mensaje me protegió de muchos peligros y pecados potenciales durante mi adolescencia, desarrollé una curiosidad no expresada sobre sexo, tenía preguntas que no encontraban un lugar para expresar y luché como una esposa joven para integrar mi sexualidad en mi matrimonio.

Mirando hacia atrás en lo que aprendí sobre sexo, me doy cuenta de que me enseñaron cómo comportarme, pero nunca fui discipulada en cómo pensar acerca de mi sexualidad.

Los desafíos complicados que los niños y adolescentes de hoy experimentan están empujando a la Iglesia a ir más allá de una ética basada en el comportamiento y lidiar con las suposiciones subyacentes de lo que la sexualidad y el género significan para la identidad de una persona. No es suficiente decirle a un adolescente que lucha con la identidad de género: “Dios quiere que guardes sexo para el matrimonio”. Estas situaciones están obligando a los cuidadores, padres y pastores a explicar un mensaje más profundo del corazón de Dios respecto a la sexualidad y el género.

Aunque los niños cristianos pueden comprender que sexo es para el matrimonio, tienen dificultades para entender por qué Dios negaría a las personas homosexuales el placer de sexo y el matrimonio, o por qué afirmar una identidad de género no binaria es inconsistente con lo que dice la Biblia acerca del diseño humano. Una ética sexual bíblica suena poco clara en el mejor de los casos y cruel en el peor de los casos. ¿Cómo podría un Dios amoroso imponer estas restricciones en la expresión sexual de una persona o en su búsqueda de amor?

Lo que muchas veces no nos damos cuenta, incluso como adultos, es que mientras la Biblia está en desacuerdo con cómo la cultura nos dice que actuemos sexualmente, también nos desafía en cómo pensar acerca de nuestra sexualidad. No puedes simplemente hablar con tus hijos acerca de cómo Dios quiere que se comporten sexualmente; también necesitas ayudarles a entender cómo Dios quiere que piensen acerca de su sexualidad.

En su libro “A Strange New World“, el Dr. Carl Trueman explica que hemos pasado de pensar que sexo es algo que hacemos a creer que es algo que somos. La cultura actual ve la sexualidad como una definición de identidad. Muchos asuntos sexuales son asuntos de identidad. ¿Qué es verdadero acerca de mí? ¿Qué me hace sentir especial, amado y como si perteneciera? ¿Qué hago con mi vergüenza cuando fallo? 

El núcleo de la integridad sexual es esta pregunta: ¿Qué es lo más importante acerca de ti? Nuestra cultura ve sexo de manera diferente principalmente porque responde a esta pregunta de manera distinta.

Tus hijos necesitan entender que aunque hay muchas experiencias y características diferentes que los definen, lo más importante acerca de ellos es lo que Dios dice. Los deseos y experiencias sexuales (e incluso los afectos románticos) nunca fueron destinados a definirnos. Por ejemplo, la Biblia nunca define a las personas como homosexuales o heterosexuales. Incluso pone muy poca énfasis en el estado relacional o marital. En cambio, Dios mira el corazón de cada persona.

Todos nosotros tendremos deseos sexuales que aprendemos a someter a Dios. Estos no definen nuestra identidad ni tienen que determinar nuestras acciones. El aspecto más importante de nuestra identidad no son nuestros deseos y sentimientos sexuales, sino nuestra elección de seguir la verdad de Dios o la verdad del mundo. Elegir amar a Dios significa confiar en Él con nuestros pensamientos, deseos y experiencias. Tus hijos necesitan entender que esta forma de pensar acerca de la identidad y la sexualidad es muy diferente de los mensajes que absorberán del mundo.

 

La integridad vincula sexo con el pacto.

Volvemos a la idea del rompecabezas y la integridad sexual. Si Dios creó nuestra sexualidad para ser una parte integrada de ser humano, ¿cuál es el propósito de sexo y el género? Para decirlo de manera sencilla, ¿por qué creó Dios la sexualidad? ¿Cuál es el propósito de sexo?

Si nunca llegamos al corazón de esta pregunta, las “reglas” de Dios sobre sexo pueden parecer arbitrarias y potencialmente anticuadas para el pensamiento moderno de hoy.

La Biblia nos dice que Dios creó nuestra sexualidad intencionalmente como una forma de ayudarnos a comprender el amor, específicamente un tipo único de amor llamado “amor de pacto”. El sexo no se trata principalmente de amor romántico o incluso amor erótico, sino de amor de pacto.

No tenemos relaciones sexuales porque nos “sentimos” enamorados de alguien. Más bien, es una forma dada por Dios para celebrar y simbolizar la entrega de nuestras vidas mutuamente en el pacto del matrimonio.

Esta idea puede ser difícil de comprender, incluso para ti como adulto. A lo largo de tu vida has recibido, consciente e inconscientemente, millones de mensajes que te dicen que sexo se trata de sentimientos y atracción. Pero la Palabra de Dios presenta sexo como un símbolo sagrado de un pacto. El pacto es tan importante porque refleja el tipo de amor que Dios tiene por su pueblo. Su pacto con nosotros no se basa en sentimientos pasajeros o emoción momentánea, sino en su compromiso de ser fiel.

Aunque esto parezca un concepto teológico abstracto, puede ayudar a guiar a nuestros hijos a comprender por qué Dios establece parámetros alrededor del comportamiento sexual.

Aquí tienes un ejemplo que yo uso para explicar este concepto a los adolescentes. Imagina que un día empiezas a decirle a todo el mundo que es tu cumpleaños. En la escuela, todos tus amigos creyeron que era tu cumpleaños, te cantaron e incluso te compraron regalos. Uno de tus amigos organizó una fiesta para celebrar tu cumpleaños, aunque tu verdadero cumpleaños esté a meses de distancia. ¿Qué está mal en esta imagen?

No hay nada malo con los regalos de cumpleaños y la fiesta, pero se vuelven incorrectos cuando celebramos sin la realidad de un cumpleaños. El sexo está destinado a ser la celebración entre dos personas que recuerdan su pacto. Tener relaciones sexuales con alguien fuera del matrimonio o tener una respuesta sexual a imágenes pornográficas es tener la celebración sin la realidad del pacto.

El deseo sexual, que es muy normal, es al final el anhelo de un pacto. No es solo un deseo corporal de tener sexo, sino el anhelo de ser conocido, de pertenecer y de experimentar una verdadera intimidad.

 

La integridad incluye sanidad y perdón.

Es muy importante que tu hijo comprenda que la integridad sexual no solo se trata de lo que pensamos y cómo nos comportamos, sino también de cómo respondemos ante la debilidad, el fracaso, el pecado y la vergüenza– tanto la nuestra como la de los demás.

Una joven me preguntó: “¿Encontraré algún día un hombre para casarme que no haya luchado con la pornografía?” Su pregunta era válida. Sin embargo, el problema no es si un posible cónyuge ha luchado con la pornografía, sino si se ha sometido y rendido a Dios y está avanzando hacia la sanidad y la integridad. Esta generación de adolescentes atravesará el lodazal de una cultura sexualmente rota y torcida. Desafortunadamente, muchos serán dañados por ella. Sin embargo, también hay muchos que serán humillados en su lucha y dolor sexual, experimentando el poder de la gracia de Dios en la redención y la sanación.

El corazón del mensaje de la Biblia no se trata de cómo deberíamos actuar, sino de una invitación a tener una relación íntima con el Creador del Universo a través de Su Hijo, Jesús. Pablo nos recuerda que todos hemos pecado y no hemos alcanzado la vida que Dios nos llamó a vivir. De alguna manera, todos hemos pecado sexualmente. Incluso si nunca tuvimos relaciones sexuales fuera del matrimonio, hemos tenido pensamientos lujuriosos, hemos objetivado a las personas y hemos dudado de la bondad de Dios, la misma esencia de Su carácter.

Nuestra relación con Dios depende de la humildad, la confesión y en creer que Dios realmente perdona nuestros pecados, elimina nuestra vergüenza y nos libera de la esclavitud. Este es un mensaje absolutamente fundamental para que tu hijo entienda en relación con la sexualidad.

Es cruel enseñar a nuestros hijos cómo Dios espera que se comporten sin mostrarles también la bondad, compasión y restauración de Dios cuando fallan. La Biblia está llena de personas imperfectas que fueron restauradas a través del amor y el perdón de Dios.

Al final, la integridad sexual no se trata del destino de “guardar sexo para el matrimonio,” sino de un viaje de toda la vida para aprender a entregar cada parte de nosotros a la bondad, santidad y gracia de Dios. Este es un viaje en el que tú y yo, como padres, debemos estar primero. Solo entonces podemos caminar con nuestros hijos hacia la plenitud del diseño de Dios para sus vidas, su identidad y su sexualidad.

 

Lee el primer y segundo blog de esta serie.