Lamentablemente, la industria de la pornografía es un negocio de miles de millones de dólares y todo indica que llegó para quedarse. Un estudio de 2021 encontró que aproximadamente el 24% de los jóvenes de entre 18 y 24 años consideraban la pornografía como la fuente más útil de información sobre el sexo.¹ La exposición temprana y la adicción a la pornografía continúan aumentando rápidamente, con niños y niñas de apenas 10 años quedando atrapados en ella, mucho antes de la adolescencia.

La pornografía no solo esclaviza a quienes la consumen; también tiene un impacto social de gran alcance en la forma en que la población en general ve el sexo y define una sexualidad saludable. Mientras gran parte del mundo celebra la pornografía como “libertad sexual”, mi corazón se entristece. He visto el impacto de la pornografía en hombres, mujeres y niños, y he comprobado que este tipo de “libertad” en realidad es esclavitud.

Como sociedad, estamos aprendiendo cada vez más sobre el impacto negativo de la pornografía en la salud sexual, en las emocional de las personas y en sus relaciones, y sabemos que la pornografía mata la intimidad. Además, estamos descubriendo cada vez más que la pornografía sabotea las relaciones incluso antes de que comiencen. Independientemente de si alguna vez has consumido pornografía o no, esta te afecta. ¿Por qué? Porque el uso y la aceptación generalizada de la pornografía han cambiado las normas y expectativas sexuales de nuestra cultura.

Ya seas hombre o mujer, casado o soltero, es importante que comprendas cómo la pornografía ha impactado la forma en que tú y quienes te rodean piensan sobre el sexo.

 

La pornografía ha disminuido el valor del sexo

He estudiado la investigación de los sociólogos Mark Regnerus y Jeremy Uecker en su fascinante libro Sexo prematrimonial en Estados Unidos. Ellos explican que la sexualidad no ocurre en un vacío, sino que las relaciones románticas están influenciadas por las actitudes y creencias de la cultura.

Aunque el consumo de pornografía ha aumentado entre las mujeres (una encuesta reciente encontró que alrededor del 22 % de las mujeres consume pornografía de manera regular), los hombres siguen siendo los principales consumidores, con aproximadamente el 61 % afirmando interactuar con ella a diario o semanalmente.² Es principalmente este consumo masculino el que Regnerus y Uecker exploran en su investigación.

Ellos señalan que, históricamente, las mujeres siempre han establecido el “precio” de su sexualidad. Cuando el deseo sexual de un hombre lo llevaba hacia una mujer, ella determinaba qué requería a cambio de su sexualidad. Ella era la guardiana sexual. En el diseño de Dios, un hombre necesita estar dispuesto a asumir un compromiso de por vida para amar y proveer a una mujer a fin de tener la libertad de relacionarse sexualmente con ella.

Por el contrario, la pornografía ofrece tanto a hombres como a mujeres una salida sexual que no tiene ningún costo. Regnerus y Uecker escriben: “La ubicuidad y la calidad percibida de la pornografía digital tienen la capacidad de saciar sexualmente a más hombres —y con mayor frecuencia— que nunca antes… Si la pornografía y la masturbación satisfacen parte de la demanda masculina de relaciones sexuales —y claramente lo hacen—, reducen el valor de las relaciones sexuales reales” (p. 99). Mientras que el diseño de Dios para el sexo entre esposo y esposa es que encarne humildad mutua, amor y sacrificio, reflejando Su amor de pacto por Su Iglesia, la pornografía reduce el valor del sexo a la simple satisfacción de una necesidad.

Esto significa que el sacrificio y el compromiso ya no son requisitos previos para disfrutar de la intimidad sexual. Debido a que el valor del sexo en nuestra cultura ha disminuido, hay muchas mujeres (y algunos hombres) que sienten que no pueden exigir compromiso a cambio de sexo. En lugar de confianza y compromiso, las personas están más dispuestas a intercambiar sexo por un par de citas o una o dos horas de atención. Esta es también la razón por la que vemos un aumento en la cultura del “hookup” y el vivir juntos en unión libre, en lugar de escoger el matrimonio.

Aunque muchos hombres y mujeres pueden disfrutar del sexo sin compromiso en el momento, a largo plazo los efectos de tener múltiples parejas sexuales pueden —y a menudo lo hacen— afectarles durante años. Las investigaciones han demostrado que tener relaciones sexuales fuera del matrimonio con muchas parejas afecta de manera desproporcionada a las mujeres.³ Cuando una mujer se involucra sexualmente fuera del matrimonio, es probable que experimente culpa, arrepentimiento, autodesprecio temporal, pensamientos repetitivos y negativos, disminución de la autoestima, una sensación de haberse fallado a sí misma, incomodidad por tener que mentir u ocultar sus relaciones sexuales de la familia, ansiedad por la profundidad y el rumbo de la relación, y preocupación por el lugar que ocupa el sexo dentro de la relación (p. 137). Tener relaciones sexuales fuera de una relación comprometida o con múltiples parejas a lo largo de la vida se asocia con una mala salud emocional en las mujeres. Regnerus y Uecker escriben: “Ni siquiera el matrimonio borra los desafíos emocionales de las mujeres que han tenido numerosas parejas sexuales a lo largo de su vida” (p. 149). Cuando los hombres consumen pornografía, las mujeres quedan expuestas a la soledad, el arrepentimiento y la presión de comprometer su salud espiritual y emocional.

 

La pornografía ha cambiado las expectativas de lo que es normal

Incluso dentro del matrimonio, podemos ver el impacto de una cultura que ha adoptado la pornografía y el sexo sin reservas. Una de las preguntas más comunes que me hacen sobre sexualidad tiene que ver con matrimonios jóvenes en los que los hombres no están interesados en el sexo. Cada vez escucho a más esposas jóvenes devastadas por tener que pedir sexo y preguntarse por qué él no toma la iniciativa. Por otro lado, muchas mujeres se sienten “rotas” por su incapacidad de reaccionar como las mujeres que han visto en la pornografía, y muchos hombres se sienten frustrados porque parecen incapaces de dar placer a sus esposas de la manera que creen que deberían. Aunque existen muchas posibles razones para estos problemas, sin duda el mayor culpable es la pornografía.

Cuando hombres y mujeres jóvenes crecen viendo pornografía y satisfaciendo sus deseos a través de la masturbación, aprenden a ver el sexo como consumidores: debería obtener lo que quiero, cuando y como lo quiero. El propósito del sexo se vuelve el obtener placer, emoción y liberación para beneficio personal. La pornografía no le exige nada a la persona; existe para satisfacer de inmediato cada fantasía sexual. Entrena la respuesta sexual para que sea impaciente, egoísta y para siempre exigir algo más excitante que la experiencia anterior.

Traslada estas creencias a una relación sexual dentro del matrimonio, y el resultado es un desastre. Tener relaciones sexuales con una persona real, que tiene sentimientos y sus propias necesidades sexuales, requiere paciencia, comprensión y entrega. La mayor parte del sexo dentro del matrimonio será “normal” (sin juguetes, posiciones extrañas, juegos de roles ni fantasías extravagantes) y no satisfará un apetito constante por algo más. La realidad es que construir una intimidad verdadera requiere tiempo y esfuerzo mientras los esposos exploran juntos el regalo de la sexualidad. En lugar de trabajar hacia este objetivo maravilloso, el hombre o la mujer involucrados con la pornografía regresan con mayor facilidad a una liberación sexual que no requiere ningún sacrificio personal.

Aunque la premisa de la pornografía es que no exige nada, con el tiempo lo roba todo. No fuiste diseñado para participar en una serie de experiencias sexuales extremas. Fuiste diseñado para una intimidad auténtica, celebrada y expresada a través del sexo con una persona real, comprometida a amarte de manera generosa y desinteresada durante toda la vida. Nunca he conocido a un hombre o una mujer que esté verdaderamente satisfecho con la pornografía. Aunque el consumo de pornografía puede ser “normal”, eso de ninguna manera significa que sea saludable.

 

¿Qué puedes hacer?

Puede que este artículo no sea alentador, pero hay hechos y realidades que necesitamos enfrentar. Oro y espero que esto te desafíe a confrontar la aceptación de la pornografía en tu vida, en tu matrimonio y en nuestra cultura. El uso de la pornografía —ya sea en línea, en video o en forma escrita— no es solo una decisión personal; es una elección que impacta a las personas y hasta a la cultura que nos rodea.

Sé firme y valiente al intercambiar una intimidad falsificada por la construcción de la intimidad real.