A primera vista, parecían una pareja cristiana perfecta. Siempre juntos, él con su brazo alrededor de la cintura de Abby. Sus amigos admitían que se sentían un poco celosos. Abby nunca va a ningún lado sin Jake; es tan atento. ¡Apenas puedo conseguir que mi esposo se dé cuenta de que estoy en la habitación!

Incluso como consejera profesional, a veces me sorprende descubrir que conozco personas que viven en una relación abusiva. Cuando pensamos en “abuso”, nos imaginamos las señales clásicas de violencia doméstica: gafas de sol para ocultar la cara hinchada y mangas largas para disimular los moretones. Si bien este tipo de violencia doméstica es un problema real, también debemos reconocer que las relaciones abusivas adoptan muchas formas diferentes. De hecho, incluso quienes viven en relaciones abusivas a menudo no las identifican como tales.

Una pareja puede ser abusiva emocional, financiera, verbal, física, espiritual o sexualmente. Desafortunadamente, las enseñanzas religiosas desequilibradas sobre la sumisión, el “deber” de la esposa de brindarle sexo a su esposo o la permanencia del matrimonio pueden reforzar o normalizar una dinámica abusiva en el matrimonio. Quiero ser contundente: ¡Dios no diseñó las relaciones íntimas (incluido el matrimonio) para que fueran abusivas ni coercitivas! Cualquier enseñanza aparentemente bíblica que parezca fomentar tales dinámicas está fuera de contexto.

En este blog, quiero compartir contigo cuatro señales de advertencia de que puedes estar en una relación abusiva: miedo, secretos, control y culpa.

 

Miedo

La Biblia dice: «El amor perfecto echa fuera el temor». Claro que nadie ama perfectamente, así que siempre habrá elementos de miedo en nuestras relaciones cercanas. ¿Y si lo decepciono? ¿Y si ella me deja? ¿Y si me rechaza cuando se entere de la verdad?

Los matrimonios a veces pasan por momentos difíciles cuando el conflicto debilita la relación emocionalmente. Pero en una relación abusiva, el miedo se convierte en una respuesta aprendida, a veces evidenciada fisiológicamente.

Cada vez que mi esposo llega a la entrada, se me hace un nudo en el estómago. Recorro la casa rápidamente para asegurarme de que todo esté en orden.

Literalmente me entró un sudor frío al pasar treinta minutos en el mostrador de la panadería, temeroso de comprarle a mi esposa el pastel equivocado para su cena.

Aprendemos a temer cuando experimentamos dolor o peligro de forma errática o predecible. Ya sea una amenaza física o emocional, las interacciones con una pareja abusiva preparan el cuerpo para lo peor. “Siento que siempre tengo que andar con mucho cuidado”. “Tengo que medir mis palabras cuidadosamente…”. “El único momento en que puedo relajarme de verdad es cuando estoy lejos de ella”.

 

Secretos

La intimidad implica secretos. Los amantes comparten una historia: recuerdos de diversión sexual, bromas privadas y la promesa de protegerse con amor de las faltas del otro ante las críticas del mundo. El matrimonio se vuelve destructivo cuando uno de los cónyuges exhibe públicamente las vulnerabilidades y debilidades del otro. De hecho, el amor encubre multitud de pecados.

Los secretos en una relación abusiva no provienen de ese amor, sino del miedo. En una relación abusiva, existe una regla, ya sea explícita o implícita, de que nadie puede saber lo que sucede a puerta cerrada. Una de las razones por las que es tan difícil para las personas reconocer patrones abusivos en una relación es porque no hay oportunidad de analizar de forma realista u objetiva qué es lo normal. ¿Cómo pelea una pareja normal? ¿Alguna vez se insultan? ¿Se tiran cosas? ¿Cómo gestionan las parejas normales las diferencias en el deseo sexual o las finanzas? ¿Es normal que una persona insista en salirse siempre con la suya?

Necesitas que alguien observe tu matrimonio. No se trata de compartir secretos, sino de la existencia de una rendición de cuentas responsable y la presencia de sabiduría que fomente relaciones sanas. Si tú o tu cónyuge han conspirado para mantener ciertas cosas en privado, incluso prohibiendo la ayuda de un pastor, consejero o amigo, eso es una seria señal de alerta.

 

Control

Lo opuesto a la libertad es el control. Dios mismo sabe que el amor es verdadero solo cuando se elige. Por eso permite que nos alejemos de Él e incluso lo rechacemos.

En una relación abusiva, los gestos de amor no se dan libremente, sino que se exigen. Los amigos y la familia se convierten en una amenaza, por lo que existen reglas sobre la frecuencia con la que puedes verlos. En una fachada de “unidad”, todo lo que posees pertenece a tu cónyuge y no tienes voz ni voto en cómo administrar tu vida. No tienes la libertad de decidir cómo gastar tu tiempo ni tu dinero. Trabajas o no trabajas según sus deseos. Gastas o no gastas para evitar sus enojos.

El control puede ser sutil. A menudo no se hacen exigencias iniciales, pero hay un costo a pagar si tomas la decisión equivocada.

Mi esposa decidió ni siquiera mirarme a los ojos durante un mes cuando tomé una decisión que no le gustó.

Cuando no cumplo con las expectativas de mi esposo, él decide expresar de forma evidente su afecto hacia los niños, pero al mismo tiempo, me hace pedazos.

 

Culpa constante

Podría decirse que toda relación cercana probablemente tiene momentos que podrían clasificarse como abusivos. En el momento álgido de una discusión, puede que se hayan dicho palabras crueles. Probablemente se hayan negado afecto, manipulado para salirse con la suya y perdido los estribos en algún momento de su matrimonio. Estas interacciones son perjudiciales y dañinas para la intimidad. Pero una relación abusiva tiene un patrón de este tipo de interacciones sin consciencia ni esfuerzo por buscar un cambio genuino.

Cuando una pareja “normal” se pelea, se esfuerza por “reparar la brecha”. Aunque no sepan qué decir, ambos son capaces de asumir la responsabilidad de haber actuado irracionalmente, de haber perdido los estribos o de actuar de una manera exigentes. Un sello distintivo de las relaciones disfuncionales es que uno de los dos nunca reconoce ni asume sus errores. Incluso un intento de disculpa termina siendo una acusación ambigua. “¡No te habría gritado si hubieras limpiado la cocina como debías!”.

Si una pareja así acude a terapia, el cónyuge abusador puede convencer al terapeuta, con encanto y eficacia, de que el problema es en realidad culpa del otro. En cuanto el terapeuta empiece a sugerir lo contrario, la pareja abusiva abandonará la terapia desacreditando al terapeuta.

 

¿Qué debo hacer?

Si has identificado en tu relación alguna de estas señales de alerta, ¡busca ayuda! Esto no es algo que puedas abordar por tu cuenta. Ya sea que te identifiques como controlador y exigente, o como el que sufre, necesitas ayuda. Necesitas sabiduría y apoyo de quienes te aprecian, así como de personas capacitadas para identificar patrones abusivos. No le haces ningún favor a tu cónyuge ni a tus hijos si evitas el problema.

También quiero animarte. Dios te ama. La Biblia nos dice que Él está cerca de los quebrantados de corazón y acude en nuestra ayuda cuando lo llamamos. Abordar los patrones abusivos en una relación no es fácil. Puede que te sientas solo/sola y abrumado/abrumada. Todo lo que necesitas hacer hoy es dar el primer paso y buscar ayuda.