No es raro que recibamos preguntas de parejas casadas que quieren saber cuál es una frecuencia “normal” para tener sexo. ¿Deberían tener relaciones una vez a la semana, dos veces por semana o todos los días? Sabemos que puede ser un desafío que dos personas con diferentes niveles de deseo sexual encuentren un ritmo y una rutina sexual que funcionen para ambos. Pero, en lugar de preguntar: “¿Qué es normal?”, intenta preguntar: “¿Qué es saludable?”. Es importante enfocarse no en lo que hacen los demás, sino en lo que es bueno para ti y para tu cónyuge.
Las investigaciones sugieren que tener sexo al menos una vez por semana es beneficioso para el matrimonio. Aunque eso podría servir como una meta mínima, es difícil definir con qué frecuencia es “normal”, ya que depende de una variedad de factores. Cuando una pareja pregunta qué frecuencia es saludable o normal, debe tener en cuenta la personalidad, el nivel de deseo, la naturaleza de los encuentros sexuales y la etapa de la vida en la que se encuentran. Recuerda que no se trata de tener sexo simplemente por tenerlo, sino de construir e invertir en la intimidad. A continuación, algunos factores a considerar al pensar en la frecuencia sexual dentro de tu matrimonio:
¿Qué tipo de sexo están teniendo?
En un reciente video de preguntas y respuestas, Juli respondió a una pregunta sobre el “sexo por obligación”. En ese video, mencionó que un ciclo de “sexo por deber” —cuando uno de los cónyuges participa en el sexo impulsado por un sentimiento de obligación— es algo que, a largo plazo, puede sabotear la verdadera intimidad. Si están teniendo sexo tres veces por semana por sentido del deber y en realidad no están conectando ni disfrutando juntos, podría ser más saludable tener sexo una vez por semana y usar ese tiempo para conectar el uno con el otro y así construir intimidad. Es útil recordar que el sexo en sí mismo no es intimidad, sino algo que puede utilizarse para construirla.
Comprende la etapa de la vida.
Aunque fuiste creado como un ser sexual, eres una persona integral. Esto significa que factores fuera del deseo sexual pueden influir tanto en cómo te sientes con respecto al sexo como en la manera en que participas en él. Piensa, por ejemplo, en la etapa de la vida en la que te encuentras. Si has perdido recientemente a alguien, puede que estés atravesando una etapa de duelo en la que es más difícil divertirse y disfrutar. En ese caso, puede tener más sentido practicar la intimidad física en forma de abrazos o tomarse de la mano durante un tiempo. O si tú y tu cónyuge son padres de un recién nacido, o estás embarazada, y antes lo “normal” era tener sexo varias veces por semana, quizá ya no sea viable mantener esa misma frecuencia. La salud es otra variable importante, ya que es mucho más fácil tener relaciones sexuales cuando no hay dolor crónico o cuando no se toman medicamentos que afectan la libido.
Explora tu motivación.
Si te estás preguntando qué es normal, puede ser útil preguntarte: ¿por qué esto es importante para mí? ¿Estás preguntando porque sientes que tus deseos sexuales no están siendo satisfechos, o porque crees que el nivel de deseo de tu cónyuge no es normal? ¿Estás preguntando porque conoces a otras parejas que tienen sexo con más frecuencia o con mucha menos frecuencia y te preocupa que haya algo mal contigo o con tu matrimonio? Si haces esta pregunta debido a inquietudes sobre ti mismo o sobre tu cónyuge en relación con el apetito sexual, esta puede ser una excelente oportunidad para conectar a un nivel más profundo, hablar sobre sus diferentes necesidades y deseos, y descubrir cómo pueden servirse mutuamente en esta área.
Replantea la meta.
La meta del sexo en el matrimonio es la intimidad. Se trata de conectar, divertirse y compartir partes vulnerables de ustedes mismos exclusivamente el uno con el otro. Esto es algo matizado y, por lo tanto, depende de cómo son como personas, de sus deseos sexuales, de su bienestar emocional, físico y mental, y de la etapa de la vida en la que se encuentran. La frecuencia puede influir en esto, pero solo en términos de lo que funciona de manera práctica para ti y tu cónyuge. ¿Con qué frecuencia pueden, de forma cómoda y voluntaria, involucrarse tanto física como emocionalmente para conectar sexualmente? ¿Con qué frecuencia puede tu cónyuge hacer lo mismo por ti?
En última instancia, no se trata de tener sexo para marcar una casilla y cumplir con un requisito mínimo, sino para crear una conexión fuerte con tu cónyuge para que ambos puedan crecer en cercanía y construir intimidad como pareja.