Yo “hice todo bien” mientras crecía. No veía pornografía. No leía novelas eróticas. Llegué a la adultez sin haber tenido relaciones sexuales.
Y luego me casé.
Si me lo hubieras preguntado, te habría dicho que no tenía expectativas sobre cómo sería el sexo. Sabía que era algo bueno y que Dios tenía buenos planes para ello, pero no sentía que supiera cómo debía sentirse o verse. No tenía ni idea de cómo sería realmente esa primera vez con mi esposo.
Pensaba que no tenía expectativas, pero sin saberlo, en realidad no estaba entrando al sexo completamente a ciegas.
Porque aunque no había visto pornografía ni leído ficción erótica ni tenido sexo, sí había visto películas, leído libros y artículos de periódico, estado en redes sociales y escuchado a la gente hablar sobre sexo.
La cultura me había pintado un cuadro del sexo, y yo no tenía ni idea.
Aquí hay algunas de las mentiras que las películas (y muchas otras cosas) nos dijeron a ti y a mí sobre el sexo:
1. El sexo se trata de rendimiento.
No puedo ni empezar a contar la cantidad de películas o series que he visto donde en algún momento una mujer hace algún tipo de comentario sobre “no ser buena en la cama”. La idea de ser buena o bueno en la cama es tan común que incluso cuando era una joven universitaria recuerdo que amigas me preguntaban: “¿Qué harás si tu esposo es malo en la cama?” Por suerte tuve la claridad para explicar que, como alguien que nunca había tenido sexo, ¡no tendría con qué compararlo!
El problema al hablar y pensar sobre el sexo de esta manera es que pone el enfoque en el aspecto equivocado de la experiencia sexual. Nuestro objetivo al tener relaciones sexuales con nuestros cónyuges no es entretenerlos, sino conectarnos con ellos. En lugar de pensar, “¿Soy buena en la cama?” durante los encuentros sexuales, quizás sería mejor preguntarnos: “¿Realmente estoy conectando en la cama?”
2. La sensualidad es superficial.
Cuando piensas en la palabra “sexy,” ¿qué te viene a la mente? ¿Qué te parece sexy? ¿Cómo definirías la sensualidad?
Como esposa, a menudo me ha costado iniciar el sexo. He sentido que tengo que ponerme seria, tener una cierta expresión en el rostro, vestirme de cierta manera o hablar de cierta forma. Todo esto estaba influido por películas y libros. El sexo en las películas estaba lleno de glamour: consistía en decir lo correcto y comportarse de cierta manera, algo muy distinto a mi propio carácter descomplicado y juguetón.
En marcado contraste con lo que veía en las películas, con los años he aprendido que ser seductora tiene menos que ver con cómo me veo, hablo o actúo, y más con cómo atraigo a mi esposo y cómo él me atrae a mí. El sexo es profundamente personal, y la seducción también. Me encanta cómo los amantes en Cantar de los Cantares hablan el uno del otro. Están seducidos por la otra persona, no por lo que están haciendo, usando o diciendo. Parte de la aventura de construir intimidad con tu cónyuge implica descubrir qué disfruta él o ella de ti y apoyarte en eso. Es un viaje que ambos experimentan juntos, y requiere ser tu yo más auténtico, no la versión que crees que “deberías” ser para verte sexy. Esto no significa que no puedas ser juguetona, ajustar tu tono de voz ni usar lencería. Más bien, significa que esas cosas son complementos opcionales en la sensualidad, no el plato principal: puedes hacerlas, pero no tienes que hacerlas para atraer sexualmente a tu esposo o esposa.
3. El sexo se trata únicamente del orgasmo.
Aunque muchos de nosotros no lo diríamos tan claramente, algo casi imposible de negar es que las películas nos enseñaron que el sexo se trataba del orgasmo. Tanto peso se le ha puesto al orgasmo que muchas personas no ven el sentido del sexo sin él.
Por eso existe un mercado tan próspero de juguetes sexuales personales, y también por eso la gente a menudo busca experiencias sexuales extremas, violentas y pornográficas. Si el placer es el objetivo máximo, entonces está bien hacer cualquier cosa con tal de alcanzarlo.
Contrasta esto con lo que ves en la Biblia. Aunque el diseño de nuestros cuerpos revela que Dios quiere que el sexo sea placentero, el placer no es la única intención de Dios para el sexo. Volviendo una vez más a Cantar de los Cantares, el placer de los amantes no estaba en una sola sensación pasajera—estaba en el otro. Este es el llamado y el desafío de la intimidad sexual: no solo tener buen sexo, sino disfrutarse mutuamente.
4. El gran sexo ocurre sin comunicación.
Esta mentira es especialmente común en películas que retratan la cultura del “hookup”, los encuentros sexuales sin compromiso y las aventuras de una noche. Dos desconocidos hablan unos minutos, tienen mucha “química” y luego se van juntos. A la mañana siguiente, cada personaje les cuenta a sus amigos que tuvo “sexo increíble”. Pero, ¿esto realmente está basado en la realidad o en las Escrituras?
Los terapeutas sexuales y los terapeutas matrimoniales y familiares te dirían que el gran sexo requiere buena comunicación. Tu cónyuge no puede saber qué te gusta si no se lo dices, de la misma manera que no puede saber nada más si no se lo comunicas. Cultivar un diálogo honesto con tu esposo o esposa sobre cómo quieres que sea tu vida sexual y cómo te sientes durante el sexo es importante si quieres que sea bueno; es algo que tendrás que practicar y priorizar si realmente quieres que sea excelente.
Y ya que hablamos de comunicación sobre el sexo, si son una pareja comprometida y a punto de casarse, ¡hablen de su noche de bodas! No hagan suposiciones sobre cómo será. Más bien, sean honestos sobre sus expectativas, cualquier temor que puedan tener y si desean o no tener relaciones sexuales esa noche—no hay una regla de oro; ustedes dos establecen el estándar.
Todos estamos cultivando creencias sobre distintas normas y temas todo el tiempo, y el sexo no es una excepción. La Biblia nos llama a examinar y filtrar lo que escuchamos, y cuando se trata de narrativas sobre el sexo, necesitamos comparar cuidadosamente lo que leemos con lo que dice la Biblia. El sexo es un hermoso regalo de Dios para nosotros, una forma de entenderlo a Él y Su amor por nosotros de una manera más profunda, y una forma en que los matrimonios pueden conocerse íntimamente. ¡No permitas que las mentiras manchen la belleza de ese regalo!
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