No suelo disfrutar del sexo, pero mi esposo se frustra si no me involucro. Últimamente he recurrido a fingir el placer. ¿Hay algo de malo en eso?
Este escenario representa la experiencia de muchas parejas, al menos en ciertas etapas del matrimonio. Un cónyuge disfruta del sexo mientras que el otro rara vez está de humor. Un esposo o una esposa que quiere cuidar a su pareja no desea ser sexualmente egoísta, lo cual puede poner presión en la otra persona para al menos fingir que se está divirtiendo.
Aunque fingir un orgasmo o el placer sexual puede ser una manera rápida de resolver este tipo de situación, no es una estrategia saludable a largo plazo. Aquí te explico por qué.
Fingir quebranta la comunicación honesta.
Incluso si lo haces con una buena intención, fingir excitación sexual es una forma de deshonestidad. Hace que tu pareja crea que estás compartiendo una experiencia de intimidad y placer cuando en realidad tu mente puede estar a kilómetros de distancia. Cualquier tipo de engaño va desgastando la confianza necesaria para la comunicación honesta en tu relación sexual.
En lugar de fingir, un enfoque más saludable es comunicar lo que realmente está sucediendo. Al tratar de evitar una conversación incómoda, puedes estar contribuyendo a un patrón de evasión del conflicto en lugar de aprender a comunicarte a través de él. Hablar de sexo puede ser intimidante: quizás te preocupe herir los sentimientos de tu cónyuge, o tal vez te avergüence admitir tu falta de entusiasmo sexual. Muchas veces ayuda tener a un tercero que te brinde el lenguaje para estas conversaciones. Así, puedes apoyarte en el trabajo que alguien más ya ha hecho. Tal vez den el paso de acudir a un consejero, o puede que tú y tu cónyuge lean juntos un libro como este o escuchen un pódcast para iniciar la conversación.
Una vida sexual saludable requiere aprender a hablar sobre estos temas delicados. Las investigaciones sugieren que las parejas que se comunican abiertamente sobre el sexo tienen mucha más probabilidad de estar satisfechas con su relación sexual.
Fingir ignora el problema de fondo.
Si tú y tu pareja están atrapados en un patrón en el que uno de los dos no disfruta del sexo, eso es un problema. Las razones pueden ser muchas: problemas físicos u hormonales, traumas pasados o conflictos relacionales sin resolver. También podría ser simplemente que la manera en que ustedes, como pareja, se acercan al sexo no incluye suficiente tiempo y estimulación/juego previo. Aproximadamente el 35% de los hombres y el 70% de las mujeres tienen un deseo sexual receptivo, lo que significa que necesitan tiempo, atención y caricias previas para comenzar a experimentar excitación sexual.
Dios creó el sexo para que tanto el esposo como la esposa lo disfruten. Esto no significa que cada encuentro sexual deba ser igual de emocionante para ambos, pero sí que el patrón de su vida sexual debería ser placentero para los dos. Al fingir placer, ignoras los problemas de fondo que interfieren con un sexo saludable en tu matrimonio. Aunque requerirá trabajo, comunicación y quizás buscar ayuda, vale la pena explorar por qué el sexo no resulta placentero para los dos.
Fingir perpetúa una meta equivocada del sexo.
La mayoría de las parejas define un encuentro sexual exitoso como una relación pene-vagina en la que ambos llegan al clímax, de preferencia al mismo tiempo. Esta definición de “buen sexo” puede limitar una comprensión más amplia del viaje hacia una intimidad sexual saludable. Habrá etapas en las que el coito sea imposible o no recomendable (por ejemplo, después del parto, cuando hay dolor durante la penetración, en procesos de sanar un trauma, en casos de disfunción eréctil, etc.). Además, muchas mujeres no alcanzan el orgasmo regularmente, especialmente durante la penetración. Cuando cada encuentro sexual se centra en el coito y el clímax como meta, esto coloca una presión indebida tanto en el esposo como en la esposa en cuanto a su rendimiento sexual.
En lugar de eso, intenta definir una experiencia sexual exitosa como aquella en la que ambos se sientan amados y cuidados. Piensa en tu relación sexual no como una serie de encuentros físicos, sino como un viaje y proceso para aprender a amarse mutuamente en lo sexual. Esto puede significar que, a veces, solo uno de ustedes está listo para el sexo, y la otra persona participa con amor sin la presión de tener que excitarse o llegar al clímax.
El sexo es mucho más que lo que sucede en sus cuerpos. Es un viaje a largo plazo de vulnerabilidad, intimidad, amor y placer mutuo. No caigas en el atajo de fingir. En su lugar, acepta el desafío de enfrentar las barreras juntos de forma auténtica.